lunes, 21 de mayo de 2018

Nosotras




Esta mañana he vivido un episodio desagradable. Pero buscado. He escuchado algo (que había escuchado muchas veces) y que me ha molestado (como me ha molestado otras tantas). Pero esta mañana he dado el paso. He publicado mi desagrado en el Facebook, públicamente. Y me han llovido críticas. En este sentido, debo decir que no me sorprendo, lo esperaba, como es natural (sería muy ingenuo si dijera lo contrario). Al mismo tiempo, debo decir que lo que me ha molestado, en boca de Irene Montero, debería ser sometido al mismo juicio: ella es sobradamente consciente de lo que puede provocar empleando el lenguaje que emplea. Lo es, lo sé. Y debe estar abierta a críticas, y lo está, y la admiro por ello. Ella no me ha respondido, pues ni siquiera ha leído el comentario, claro. En su lugar me han respondido otros, que sin compartir forzosamente sus ideas o iniciativas, me han criticado a mí, obviando que se trataba de una reacción, y no de una provocación gratuita. Quien piense que se trataba de una provocación gratuita, es que no me conoce, ni sabe mirar la luna cuando el sabio señala al dedo. Yo no soy un sabio, sigue siendo una metáfora. Quien piense que digo que yo soy un sabio, sigue obstinado con el dedo.

à ¿Y qué te ha pasado, Marcos?

Esta mañana he mirado el vídeo de las declaraciones de Pablo Iglesias e Irene Montero en cuanto al chalé que se han comprado. Pablo Iglesias se refería a ellos (a los dos) en masculino (nosotros), e Irene Montero oscilaba ingrávidamente entre “nosotras” y “nosotros”. Cuando se le escapaba el “nosotros” era porque estaba centrada en el mensaje que quería transmitir. Cuando decía “nosotras”, el mensaje se aunaba con una denuncia constante que hace contra el machismo, y que toca insistentemente el lenguaje. Ha llegado a decir “nosotras, como representantes públicas”.

Me ha molestado. Pues detrás de sus palabras hay una profunda reflexión, no digo que no, pero se trata de una reflexión dirigida y parcial, completamente excluyente. Tendrá su público, por supuesto. Y si no me gusta, pues dejo de escucharla, tengo esa libertad, como ella la tiene también en decir lo que le parezca. Pero no quiero hacerlo. Quiero hablar también, opinar, como hace ella. Así que no caeré en el argumento: “si no te gusta, cambia de canal”. No, es un personaje público, y yo formo parte de ese público, y me apetece opinar también.

Comparto algo con Irene Montero: ambos sentimos una pulsión que nos sensibiliza con la sociedad, y ambos queremos cambiar las cosas. Ella ha dado pasos en una dirección que no comparto (luego explicaré por qué), y mis pasos se orientan hacia otro rumbo diferente, pero debo decir que valoro y aplaudo que trate de mejorar su entorno. Al menos eso, es bueno.

Bien, la primera cosa que me choca, y que me molesta (en cuanto a la molestia, hablaré también más adelante), es un hecho del que hablé anteriormente, en el artículo del “Punto contra el Plano”. Se trata de la Realidad y la Ficción. Este tema está en el fondo de todo, y me encantaría que se atacara la cuestión directamente, sin subterfugios y sin retóricas vagas. Ese es el primer punto que me separa de la senda de Irene.

La Realidad: no la conocemos. No tenemos la capacidad sensorial de conocerla. Si no podemos admitir eso, es que padecemos una ceguera importante, es que la psiquis se ha apoderado de nuestra razón, y deberíamos retirarnos del panorama político para captar ese hecho, y poder afrontar las cosas con mayor apertura, humildad y humanidad (en este punto estoy, en este momento).

La Realidad es vasta, y nuestros vagos y limitados sentidos nos permiten captar una pequeñísima parte de ella. La Realidad no es evidente, y la prueba es que tu vecino la ve como algo diferente a ti. Es el problema entre un independentista y un anti-independentista: cada uno ve su propia Realidad, y tendemos (la mayor parte de los humanos) a partir de la base de que nuestra Realidad es más correcta que la del otro. De ahí la eterna disputa entre ricos y pobres, entre izquierdas y derechas, entre intelectuales, entre nacionalistas y constitucionalistas, y un largo etcétera.

à ¿Cómo Marcos, que es una buena persona, espiritual, tranquilo, reflexivo, puede reaccionar así?

Esa pregunta ha surgido en la mente de más de uno de los que me han respondido en Facebook. Voy a tratar de responder, pero antes, debo decir que igual que mi comentario ha estado detonado por una visión diferente de la Realidad respecto a la de Montero, esa pregunta nace del pensamiento de que la Realidad propia es más coherente y racional que la del otro. “Tranquilo, Marcos”. “Te queremos igual, es que te has levantado con el pie izquierdo”. A lo mejor no. A lo mejor es que a veces hay que responder así. ¿No podemos decir lo mismo a Irene Montero?: Tranquila, Irene, no digas cosas que puedan herir la sensibilidad de una parte de tus oyentes. A lo mejor esos oyentes no son machistas. A lo mejor no son malas personas. A lo mejor las claves para mejorar la sociedad no están detrás de modificar una palabra, que lo que va a hacer es agitar, provocar, más que encontrar cauces de comunicación entre las diversas y plurales Realidades que te escuchan.

Ese es el punto, que me desvincula definitivamente de Podemos en este momento: piensan que “Su realidad” es más real que la de los otros.

Hay dos tipos de nuevos políticos: los denunciadores y los agitadores.

Los denunciadores (donde sitúo a Ciudadanos y a Podemos) denuncian constantemente todas las cosas de la política tradicional que encontramos a diario: corruptelas, abusos de poder, mentiras, engaños, tapujos, cortinas de humo, etc.

Los agitadores (donde sitúo más bien a Podemos, aunque Ciudadanos incurra también en ocasiones): pretenden hacer extensivo un mal estar que en su base, quizá, no esté en toda la población. Es un modo (sucio, como lo siento) de ganar votos.

Dentro de los parámetros de “Su Realidad”, es tan evidente que el PP es un partido corrupto y que es necesario echar, que no entienden que una gran parte de la población no lo vea. Así que se dedican a transmitir un mensaje que busca agitar más que armonizar. Saben que una gran parte de sus votos vienen del descontento, así que necesitan más gente descontenta para labrarse seguidores. Se sienten frustrados de ver que la mayor parte de la sociedad española no ve la Realidad como ellos. Frustrados de ver cómo obreros, peones, trabajadores de a pie de calle, siguen apoyando al PP o a otras formaciones políticas. El comentario “lo peor es ver a un obrero que vota a la derecha”, no podría arrojar más luz a esta cuestión.

Si alardean de democracia, deberían respetar las opiniones de los demás. De ahí el juego de la democracia. Pero no, se interpone algo que estimo peligroso, que me distancia (definitivamente) de este partido: el EGO.

Aquí está el debate: EL EGO y LA CONCIENCIA. La conciencia es una parte de nosotros, larvada en nuestra psique, en nuestra sensibilidad, una parte que no entiende de lenguajes verbales ni de vaivenes emocionales o intelectuales. Es la parte de la Naturaleza que está sembrada en nosotros. Es la parte que observamos en los animales, en las plantas, en la tierra, en el viento, en las aguas, en el sol, en el cielo. La Naturaleza rezuma esa conciencia, y por eso es equilibrada.

El EGO es una construcción mental que hacemos los seres humanos a partir de nuestra parcelada impresión de la Realidad. El EGO se transmite, además, generación tras generación. El EGO es la película ennegrecida que nos hace no detectar nuestra propia Conciencia, ni la Conciencia de los demás. Del EGO nace la discordia, nace el alboroto interno y externo. Del EGO nace la idea de que “Mi Realidad es mejor que la del Otro”. Cierto que el “Otro” (tal vez) viva exactamente bajo el mismo canon egocéntrico, y responda (como tú) que “Su Realidad es mejor que la tuya”. El desencuentro está asegurado.

à Marcos, te estás yendo por las ramas.

No, no me estoy yendo, aclarar este punto es primordial para explicar lo que quiero decir.

Nosotras. Entiendo la denuncia que hacen. Defienden que el lenguaje es machista. Defienden que hay que modificar el lenguaje para conseguir armonizar las cosas entre hombres y mujeres. Yo no estoy de acuerdo.

Creo que, efectivamente, el lenguaje tiene ciertas parcelas machistas, fruto de una historia muy larga de sociedades machistas. ¿Por qué? Porque el lenguaje nace de la sociedad en la que vivimos. No al revés: el lenguaje no modifica la Realidad en la que vivimos. Afortunadamente, el lenguaje tiene la capacidad de vaciarse de contenidos, de reciclarse, y de rellenarse de contenidos diferentes. Ese ha sido su recorrido. La magia de poder decir: “me cago en la mar”, y ni defecar en ese momento, ni tener que ir a la costa a llevarlo a cabo. Si los peces tuvieran nuestro revoloteo mental, si tuvieran el EGO que padecemos los seres humanos, pronto harían manifestaciones reivindicando sus derechos “verbales” como seres existentes en el planeta. No, afortunados ellos, que viven sumidos en la Auténtica Realidad, y el lenguaje no les afecta.

El genérico plural “Nosotros” implica a hombres y a mujeres. Tratar de remontar a hace más de mil años para acusar a esta palabra de “machista”, es un revuelo propio del Ego. “Nosotros” está ya vacío de contenido machista. El contenido es el que le queramos dar nosotros y nosotras.

Aunque no estoy siempre de acuerdo (a veces sí) con el uso de ambos géneros para dirigirse a un grupo “nosotros y nosotras”, me parece más moderado y menos provocador, que tratar de remplazar el uno por el otro, o el de inventar uno nuevo, “nosotres”, para derribar lo que ya está construido. Podemos cambiar nuestro enfoque, podemos reinsuflarlo de “igualdad”, en lugar de modificarlo y emplearlo para tratar de que el Mundo se adapte a mí mismo o misma.

Así que la senda que he escogido para mí, para ayudarme a mí mismo, a los de mi entorno, y a aquel que pueda, es la de tratar de alejarme del EGO y de llegar a esa CONCIENCIA donde reside la Realidad de la Naturaleza. Eso me ha supuesto observar muy de cerca mi propio EGO. Y en el camino, uno descubre también el EGO de los demás. No paso mi vida observando los EGOS de los demás, sería un absurdo que nacería de mi propio EGO. Pero negar que los demás también tienen un EGO, sería también un absurdo y una ingenuidad. Hay quien puede negar que tiene ese EGO, de acuerdo. No me plantaré delante de él a tratar de convencerle. Así es, a esta llamada de la Conciencia se llega personalmente, sin que nadie intervenga o te convenza. Se llega (muchas veces) tras mucho dolor provocado por el propio EGO.

En este camino, he entendido varias cosas. Como por ejemplo que la sociedad es un reflejo de los EGOS de sus ciudadanos. Si tratamos de modificar la sociedad, sin tratar de activar la CONCIENCIA, y dejando bien amarrado el EGO, los cambios serán infructuosos. Se pueden vivir mejores periodos, que terminarán por corromperse, que provocarán episodios violentos, y que serán remplazados por otros. Ese es el curso de la Historia.

Primer punto: no me “siento” de Podemos porque en sus propuestas, no se propone tratar de activar la Conciencia. Sus planteamientos nacen del EGO. De EGOS diferentes a los EGOS del PP, de acuerdo, pero EGOS en definitiva.

Segundo punto: esos EGOS desean que el resto de personas que viven en el Mundo sientan y piensen como ellos. Como no pueden ir puerta por puerta para convencerles, usan los medios que tienen a su disposición para tratar de atraer a más personas a sus modelos de ver el Mundo y su concepción de lo que es Justo y lo que no.

Tercer punto: ese camino (su camino) pasa por tratar de modificar el lenguaje de todos. Emplear el “nosotras” como plural genérico, es un impulso de un grupo de la sociedad muy pequeño, en relación al vasto corpus donde vivimos todos. Observamos ante este hecho, al Punto que se enfrenta al Plano (remito al artículo anterior). ¿Es lícito? Sí, lo es. ¿Es criticable? También, claro.

Vamos con mi malestar. Es un EGO. Por supuesto. No soy ningún Maestro, ni ningún sabio. Tengo defectos para dar y tomar. Cierto que paso una gran parte de mis días observándolos, cotejándolos, bloqueándolos, meditándolos, y en ese camino la Conciencia comienza a arrojar luz, a ganar terreno.

à ¿Te queda mucho camino, Marcos?

Sí, mucho. He avanzado muy poquito. Lo suficiente (al menos) para ver. Pero de poco sirve eso a los demás, como no podría ser de otra manera. Es una senda muy personal, y muy solitaria, en la que mucha gente amada se va quedando por el camino, es normal. Pero me llaman los árboles y los animales, no puedo taparme los oídos. A esto me ha llevado mi propio sufrimiento.

He dicho que paso una gran parte de mis días en estas observaciones y meditaciones, pero no todo el tiempo. Muchas otras veces mi EGO se filtra en mis actos, en mis emociones, en mis pensamientos, en mis palabras. Eso me ha pasado esta mañana.

à ¿Y no te has dado cuenta de que era un EGO, Marcos, antes de publicar aquello en Facebook?

Sí, claro que me di cuenta. Pero quise hacerlo igualmente.

à ¿Y por qué?

Pues por un lado para ir definiéndome, para alejarme de sonrisas que no siento, ni de emociones que no me aportan más que discordia, y de una hipocresía que me surge a veces, y que me hace más mal que bien, a mí y a los demás.

Y por otro lado para mostrar el otro cabo del acto comunicativo. En realidad, uno de los “cabos”, pues hay varios (tantos como Realidades hay sobre el planeta). En el acto comunicativo hay un Emisor (Irene Montero), un Mensaje (nosotras) y un Receptor (Yo, y muchos otros millones más). Así que he mostrado uno de los cabos donde termina el proceso comunicativo. He mostrado un EGO que tengo yo, y que tiene muchísima más gente. Un EGO que se siente herido ante la provocación de otro EGO. Un EGO que quiere modificar la Realidad, desea que su Propia Concepción de la Realidad sea la Realidad de Todos.

à ¿Pero cómo puedes decir eso, Marcos? ¿No te parece soberbio? ¿Dices que Irene Montero hablaba desde el EGO? ¿Cómo puedes saber que no hablaba desde la Conciencia?

Lo sé.

à ¿Puedes demostrármelo?

No, no puedo demostrártelo.

à ¿Puedes, al menos, explicármelo, para que lo entienda?

Solo si realmente quieres entenderlo. Si me dirijo a un EGO, el EGO no querrá comprender.

à ¿Entonces aquí se acaba la comunicación, Marcos?

Sí, aquí se acaba.








martes, 3 de abril de 2018

El punto contra el plano VIII


8. De la educación

Parto de la base de que el ser humano es inteligente. En mi vida, me he topado con personas muy inteligentes (mucho más que yo), que defienden argumentos que yo, desde mi meridiana inteligencia, pero sobre todo desde mi conciencia, me resultan indefendibles. Eso me hace reflexionar acerca de que la inteligencia puede estar dirigida por la emoción, conducida desde la educación. ¿Unos tipos que se meten en un avión con palitos de madera, se hacen con los mandos, y se estrellan contra las Torres Gemelas? Llevar eso a cabo denota una inteligencia bastante brutal (en todos los sentidos). No, la inteligencia no demuestra tener razón en nada. La inteligencia es un vehículo. El conductor es el que dirige. En la sociedad enseñamos bien a nuestros futuros conductores a conducir siempre por su carril, a pararse en los semáforos en rojo, a ceder el paso a los peatones, a respetar los límites de velocidad. ¿Qué sucede si en otra región del mismo territorio se les enseña a los conductores que deben conducir de otro modo? El conflicto está asegurado. Y ahí está la clave: la educación. Puede ser que una persona sensible al mundo, madura espiritualmente (madura en su profundidad, en su reflexión) pueda tornar sus ideas para contribuir en la construcción de una mejor sociedad, de un mejor plano, para todos. Pero esto no suele suceder: solemos cargar con las ideologías de nuestros padres. Y a veces, en pleno fervor adolescente, nos oponemos diametralmente, y asumimos las contrarias (este movimiento se suele dar de derecha a izquierda… aunque conozco casos donde se produce al revés). Pero en dicho movimiento, no creáis que nos convertiremos en maestros de nosotros mismos, en sabios instructores de conductas o de reflexiones: por lo general, buscamos remplazar nuestros modelos educativos con otros que se acuerden mejor con nuestra nueva e incipiente “identidad”. Es un movimiento sano, qué duda cabe: la construcción del individuo, el despertar de la conciencia social o comunitaria. Pero, salvando estas excepciones que cambian diametralmente sus modelos, la mayor parte de las personas preservamos las ideologías que nos han servido al desayuno, a la comida, a la merienda y a la cena en nuestra casa. Y cuando toca levantar el vuelo, seguiremos nutriendo nuestras ideas ya solitos. Y nos ocuparemos de nutrirlas en los demás: sobre todo en nuestros hijos, no vaya a ser que se nos vayan al bando contrario. Así las ideologías se perpetúan, y se pulen con mucha lentitud, pero se pulen, a fin de cuentas. La razón tarda tiempo, mucho tiempo, en adentrarse en el territorio inconstante y fantástico de la emoción. Pero lo va haciendo (hemos tardado unos siglos en terminar con el sistema social medieval… Y quizá aún quede trabajo, pero en ello se está, esto avanza). Pero, por lo general, me atrevería a hablar de un elevadísimo porcentaje de seres humanos, solemos ver el mundo a través de lo que nos han enseñado. La visión del mundo se modela en los niños. No les dejamos descubrirlo por sí mismos, debemos interferir en su aprendizaje, no vaya a ser que… Eso. Si un niño se cría en una familia del Madrid, lo normal es que el niño sea del Madrid. Si un niño se cría en una familia del Barça, lo normal es que sea del Barça. Si un niño se cría en una sociedad donde se le dice (desayuno, comida, merienda, cena) que Occidente es el enemigo, Occidente será el enemigo. Si un niño se cría en una familia donde se le dice que España es el enemigo, España será el enemigo. Y pasar de la idea al acto es tan fácil como poner la televisión, o echar un vistazo a las redes sociales: manifestaciones violentas, asesinatos, odio, agresiones físicas, morales, verbales o espirituales. ¿Hay excepciones? Las hay. Benditas sean todas ellas. Pero, por lo general, suele funcionar así. Por eso la sociedad, en sus pactos y acuerdos para conseguir formular un aparato legal, contempla esto como delito: “incentivación al odio”. No solo el acto en sí mismo, sino la manipulación del “otro” para que responda a intereses personales o comunitarios. Dejad al “otro” en paz, caramba. Aunque el “otro” sea tu hijo, aún más si lo es: ámalo con humildad, no lo modeles con soberbia. Quizá así cuando sea mayor vea el plano con mayor objetividad, y se sume a combates pacíficos con tantos otros puntos distribuidos por todo el plano, para mejorar el sistema que tenemos, en beneficio de todos. Pero no. Esto no va a suceder, como decía antes, porque estamos atrapados por “nuestra verdad”, y no contentos con eso, debemos transmitírsela sí o sí a nuestros hijos. Decía Gaddiel (gran escritor, catalán, por cierto) que si tomáramos a un bebé en cualquier parte del mundo, y lo entregáramos a otra sociedad completamente diferente, el niño se criaría con los valores de la sociedad de acogida, sin ningún problema. En fin, todo esto para decir que no se trata de una cuestión de genes, sino de educación. Podemos entender entonces que exista esa visión negativa de España por parte de una parte de los catalanes independentistas. Pero deberíamos dividirlos en dos grupos:

1. Los dirigentes e intelectuales que producen discurso.
2. Los ciudadanos activos que acometen actos.

En esto todos somos culpables. Todos tratamos siempre de imponer nuestro punto de vista. Y los más humildes, no lo hacen, pero por lo general son tan impermeables como el resto: ¿quién convence a quién de algo hoy en día? Podemos convencer a alguien que no consume series a engancharse a Braking Bad, es relativamente fácil (si los gustos de la persona en cuestión van acorde con la propuesta de la serie); pero ¿convencer a alguien de que su punto de vista férreo en cuanto a algo es falso? Imposible. A mí estos choques lo que me suelen provocar es un replanteamiento de mí mismo. No puede ser que yo y mi amigos tengamos puntos de vista tan opuestos, con lo que nos queremos y nos admiramos. Pero sí, esto sucede casi a diario. Así que, ya lejos de los nervios que se suelen producir en el momento de una discusión, suelo interiorizar la mirada, y trato de preguntarme acerca del porqué de mis propias opiniones: ¿son mis opiniones? ¿Son de mis padres? ¿Son realmente de mis padres? ¿Son de mis abuelos? Bueno… y si fueran mías, labradas con humildad y experiencia: ¿son realmente mis opiniones? Este modelo sirve de poco a la sociedad, porque tratar de enfrentarse a sí mismo es una de las guerras más duras que puede enfrentar el ser humano. El “Negarse a sí mismo”. Pero claro, no contentos con nuestra visión del mundo, tratamos de imponérsela a los demás, e incurrimos en otra falta capital: miramos la paja en el ojo ajeno, y no vemos la viga en el propio. Necesitaríamos un gran lavado de soberbia en la sociedad. Y también, ya de paso, otro de productores de pensamiento dirigido. Acabar con la producción de fanáticos: de fanáticos del Barça o del Madrid, de fanáticos de su re(li)gión por encima de la de los demás, de fanáticos de su país contra otros, de fanáticos de un tipo de música, de fanáticos de un tipo de cine o de novela. Deberíamos dejar la libertad al individuo de que forjara solito sus opiniones, sus creencias, dentro de un marco legal que no permitiera saltarse, ni por un pelo, los derechos fundamentales de las personas. Ese es el modelo al que no llegaremos, mientras no seamos capaces de echar una miradita al interior.

            à Contra-argumento: contesto antes de que me caigan los chaparrones: algo que solemos oír muy a menudo es el famoso: “España nos roba”. Los independentistas (imagino que no todos, por supuesto), transmiten ese mensaje de maltrato. Cuando dicen “España” quieren decir los españoles (las piedras, los bosques, los llanos y los ríos no los odian, creo que en ese punto tanto A como B compartimos la misma valoración de X). Bien, planteemos dos hipótesis:

            PRIMERA HIPÓTESIS: España les maltrata realmente. Primero sería demostrarlo, con documentos, con testimonios, pero que sean lo suficientemente numerosos y fiables como para que la comunidad internacional se haga eco. Y no nos vayamos tan lejos, confío en la pulsión humana del pueblo español, de la mayoría de los españoles: si recibieran noticias reales y palpables de un abuso al pueblo catalán, la mayor parte de la sociedad exigiría justicia contra el gobierno central. Pero no las recibimos. Si dispusieran de dichas pruebas, ¿por qué no las hacen públicas? ¿Por qué no me llegan a través de la Televisión Catalana, o la TVE, o cualquier otro medio? Las he buscado. Y solo he encontrado algunas fotos falsas enviadas a medios extranjeros (como la famosa mujer sangrando en una manifestación; lo cual se probó que era una foto de archivo, de acontecimientos muy precedentes a los acontecidos el día del referéndum). Si tuvieran dichas pruebas, ¿por qué falsear otras? ¿Quién ha salido dando explicaciones? Pues… solo Rajoy y Rivera (que no son santos de mi devoción, aunque en realidad nadie lo es. Solo Mary Poppins lo es).
                 
SEGUNDA HIPÓTESIS: España no les maltrata en verdad, sin embargo es lo que quieren transmitir a la comunidad internacional. Pero, ¿Quién? ¿Cómo?

Los ideólogos y mentores de la revolución. ¿Cómo hacer una revolución? Pues, lo primero, es ganarse adeptos. Y para ello, se ponen en marcha mecanismos de persuasión, manipulación y difusión tan eficaces como útiles a sus propósitos. No sé si habéis visto la película Agárralo como puedas. Yo sí. Frank Drevin (Brigada Policial) debe hacer frente a una organización delictiva que pretende asesinar a la reina de Inglaterra. Vincent Ludwig (el malo) es contratado por dicha organización para llevar a cabo el asesinato. Cuando Papshmir, el representante de la organización, se entrevista con Ludwig para conocer los detalles, este último le muestra cómo hacerlo: ha hipnotizado a su secretaria y cuando pulsa un botón, esta pierde la noción de sí misma, y cumple mecánicamente su instrucción: toma una pistola de un cajón, y encañona a Papshmir mientras dice: “debo matar a Papshmir”. Naturalmente la pistola no está cargada. Cuando Ludwig vuelve a pulsar el botón, la secretaria recupera su identidad, no recuerda nada. Ludwig lo ha hecho para mostrar a Papshmir el modus operandi que piensan llevar a cabo. Y cuando la secretaria se marcha, Ludwig dice: “dígame, señor Papshmir, ¿conocía usted la hipnosis inducida sensorialmente?”. Ludwig determina que el mejor asesino es alguien que no sepa que es un asesino. Bien, lo mismo sucede con… bueno, en realidad con todo: desde terroristas, fundamentalistas, fanáticos, sectas, hinchas violentos, etc. Centrándonos en el problema catalán, manifiesto que sé, por el simple hecho de observar mi entorno y a mí mismo, que ha habido una gran manipulación de los niños desde hace, probablemente, más de treinta años. Niños inocentes que les tocó nacer en una familia determinada, una familia que, por experiencias o por educación, ya tenía preestablecida una mirada concreta de su Realidad Subjetiva, una mirada que dicha familia se ocupará de servir a su hijo al desayuno, comida, merienda y cena. Es así como formamos individuos capaces de enfrentarse a lo que sea por defender una idea abstracta. ¿Por qué lo sé? Porque les he escuchado hablar, cientos de veces. He hablado con muchos en persona, y he visto a cientos por televisión, he leído a decenas en redes sociales, incluso he mantenido correspondencia por mail con plataformas independentistas. Y veo que viven sumergidos en una Realidad Alternativa. Tal vez mi Realidad no sea la correcta tampoco (seguro que tampoco lo es, ya dije que todos desconocemos el significado de X) sin embargo sé que la Realidad que comparto con la mayor parte de los españoles (con la mayor parte de los puntos del plano), tiende a la paz, tiende al entendimiento, tiende a la hermandad, y sabemos que el discurso separatista genera problemas, muchos problemas, muchos de ellos violentos, que ya se están dejando ver, y por eso el pueblo español, la gran mayoría del pueblo español (incluyendo una buena mitad del pueblo catalán) se manifiesta en contra del procés. Porque queremos paz. Queremos tranquilidad. No queremos discordia, discordia tras la cual se plantea una distopía irrealizable e imposible. En fin, sigamos con la educación.

Algo muy complejo en este juego de la educación (manipulación) es detenerse a analizar a los ideólogos. Tenemos dos tipos de ideólogos:

1. Los ideólogos conocedores de esa manipulación cegadora.

2. Los ideólogos convencidos de esa realidad subjetiva.

¿Quiénes son en el caso de Cataluña? Seguro que la mayor parte son ideólogos convencidos de dicha realidad. Ideólogos a los que acuso, severamente, de buscar una fractura dentro y fuera del pueblo catalán, por intereses que se me escapan: ¿ocultamiento de corruptelas? No lo sé, sinceramente. Pero dudo, en realidad, que alguien capaz de organizar tamaño revuelo no sea capaz de entrever las nefastas consecuencias en lo tocante a la economía, pero sobre todo a la fraternidad. Igualmente es así, lo han hecho, algunos han huido, otros han dado la cara, todos se revuelven porque la ley actúe contra ellos, y ahora, más que nunca, sí dan la impresión de ser ideólogos convencidos, es decir, fanáticos de una idea abstracta que han querido llevar hasta sus últimas consecuencias (a pesar de su vida o de su muerte). En este punto, recomendaría El arte de ser feliz de Schopenhauer, una delicia de libro. Nos explica cómo, en la Revolución Francesa, hubo ciertos aristócratas que, antes de ser guillotinados, se ocupaban de tener bien colocada la peluca: hasta ese punto, incluso a las puertas de la muerte, la construcción de la realidad que hemos forjado en torno nuestro prima sobre la propia conciencia de sí mismo. Es algo bastante humano: la creación de mártires. Pero algo peor que crear un “mártir” que sirva de soporte a la construcción de una Realidad Subjetiva y Colectiva, es el desear serlo uno mismo, aunque hoy en día se puede ser mártir y cobarde al mismo tiempo, y desempeñar tu papel de “perseguido político” desde Bruselas, al amparo de partidos de dudosa ideología, viviendo a cuerpo de rey, y con miedo en la mirada. Cobardes: esto no es subjetivo, la cobardía, como la valentía, se aprecian desde lo más hondo de una razón no manipulada.

Desde mi razón y mi conciencia, desprovista (gracias a Dios) de manipulaciones familiares u otras, observo que los dirigentes catalanes presos no son “presos políticos”, como se insiste en decir. Son personas que han cometido delitos, y desde la ley, se les ha ajusticiado. Debería ser así para todo el mundo, y no lo es, de acuerdo. Sé que los poderes no miden con el mismo rasero todos los casos, sé que hay personas intocables dentro del plano, y sé la indignación que esto provoca a la mayor parte de puntos. Comparto esa indignación. Y apoyo la unión de los puntos para cambiar esa realidad. Pero en lo tocante al problema catalán, me parecía urgente que la ley se hiciera valer y respetar, para preservar la unidad de un plano donde, la mayoría de los puntos, desean preservar dicho plano, en beneficio de todos (aunque haya puntos a los que les han enseñado que no es así).

Dicho lo cual, acepto las rabietas cósmicas que puedan generar estos relatos, las conozco y las anticipo, igual que conozco y anticipo (a veces) mis propias rabietas.

Gracias por haber llegado hasta aquí.

Hasta pronto.


Que el mundo se me parezca

  Que el mundo se me parezca   El confinamiento nos ha traído, aparte de algunas otras decenas de cosas, reflexión. Es cierto que estamo...